miércoles, 28 de marzo de 2012

MANEJAR LA CULPABILIDAD

La culpabilidad es una emoción con un fuerte componente social, pues permite que nos demos cuenta de cuando hemos causado daño al prójimo. Un exceso de ella, sin embargo, es signo de una autoestima débil. Hallar el equilibrio entre la utilidad y la perversión de este estado de ánimo requiere acogerlo, observarlo, valorar lo sucedido y ofrecer una reparación cuando sea oportuna.

Se suele tener una imagen negativa de la culpabilidad, pero si los humanos dejáramos de sentirla, nuestras vidas probablemente acabarían por parecerse a una pesadilla. La culpabilidad es un estado de ánimo doloroso ligado a la conciencia de que tal vez hemos hecho daño al prójimo, ya sea con alguna de nuestras palabras o actos, con un exceso de críticas, bajo el efecto de la cólera, ya sea, por el contrario, debido a la ausencia de algunas palabras o actos, no haber ayudado o consolado a alguien que lo necesitaba. También podemos sentirnos culpables simplemente por ser felices cuando otras personas sufren.

En Occidente, se suele hablar del origen judeocristiano de la culpabilidad: como seres humanos, somos culpables desde el nacimiento, lo que el dogma católico llama el "pecado original".

La huella cultura, en efecto, puede influir en nuestra capacidad de sentir o no culpa. Las influencias sociales pueden afectarnos porque se apoya en un fenómeno psicológicamente natural, vinculado a nuestra empatía, es decir, a nuestra toma de conciencia de lo que puedan sentir los demás. Y esta capacidad varía, según la persona, algunas tienen mucha y a otras les falta bastante...

El exceso de culpabilidad suele darse en personas con problemas de autoestima, que tienen desmesuradamente el juicio de los demás, o con rasgos perfeccionistas. La culpabilidad los lleva a hacerse daño a si mismos, rumiando de forma excesiva e inútil la supuesta responsabilidad en el sufrimiento de otros. Se da, a veces, en ciertos trastornos que los psiquiatras llaman "depresión melancólica" auténticos delirios de culpabilidad en los cuales el paciente se acusa de todos los males.

Pero también existe el deficit de culpabilidad en personas que no se sienten obligadas hacia los demás, ni por el bien que se les haya podido hacer, no se sienten culpables de no ser agradecidos, ni por el mal que hayan podido causar, no se sienten obligados en ningún caso a pedir perdón. Esta ausencia de culpabilidad hace que, en su lugar, sufran sus seres allegados. Los sujetos perversos y piscópatas se caracterizan por esta falta de culpabilidad, que pueden causar estragos a su alrededor. Pero también, puede sucedernos a nosotros si no prestamos atención a los demás, por ejemplo, cuando estamos demasiado estresados o preocupados.

¿Para que sirve la culpabilidad?

En realidad tiene muchas funciones. En lo individual, la incomodidad que nos provoca nos ayuda a reevaluar las consecuencias de nuestras palabras y comportamientos, a la luz de sus resultados. Nos permite comprender el alcance de nuestros actos y asumir que a veces existen grandes diferencias entre la intención que teniamos y el efecto que hemos provocado.

Es raro desear que sufran los demás, pero es bastante frecuente que podamos hacerlo: la culpabilidad nos ayuda entonces a tomar conciencia de ello y ajustar progresivamente nuestro comportamiento a la sensibilidad de ls demás. Podemos decir así, que la culpabilidad nos ayuda a mejorar como seres sociales. a un nivel interpersonal, la culpabilidad nos induce a tener comportamientos de reparación: a excusarnos, pedir perdón, consolar,... Por eso, sin culpabilidad, nuestro mundo sería insoportable. Imaginemos una sociedad en la que nadie reflexionara sobre sus actos, ni siquiera mejorar, ni pidiera nunca perdón.

Como sucede en muchos de nuestros estados de ánimo dolorosos, nos conviene acoger los sentimientos de culpabilidad y prestarles siemrpe atención. Pero también nos conviene ser prudentes antes de seguirlos y obedecerlos ciegamente; sentirse culpable no significa serlo verdaderamente o totalmente, pues en nuestras vidas hay siempre numerosas resposabilidades compartidas. Cuando percibamos culpabilidad, es importante tomarnos el tiempo de revisar lo que ha sucedido, de imaginar lo que pueda sentir la otra persona, de analizar lo que sentimos nosotros...

Podemos ponerlo todo por escrito y contárselo a una persona cercana e indulgente, que no se sienta obligada a darnos la razón a criticarnos, para ayudarnos a aclarar nuestros sentimientos de culpabilidad. Esto nos permitirá también decidir qué hacer ¿Esperar para intentar ver lo sucedido con más claridad? ¿Excusarse tras reflexionar sobre cómo lo haremos; sin acusarse ni rebajarse excesivamente? O.... bien podemos percatarnos de que, en realidad, somos víctimas de otras personas, que nos manipulan y culpabilizan; eso también existe...

Así pues, las tres etapas para afrontar la culpabilidad son:

* Tomar conciencia de ella.
* Aclararla, y
* Decidir que hacer.

La culpabilidad es, en el fondo, un excelente ejemplo de cómo los estados de ánimo dolorosos pueden iluminarnos, ya sea sobre nuestros comportamientos, cuando es legítima; ya sea, sobre quienes nos rodean, o sobre las presiones que nos impone la sociedad, cuando no lo es tanto.

Continuemos entonces culpabilizándonos, pero siempre con lucidez.

Christophe André
MENTE SANA

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